Poemas sueltos, I
Perito en lunas
Poemas sueltos, II
El silbo vulnerado
Imagen de tu huella
El rayo que no cesa
Poemas sueltos, III
Viento del pueblo
Poemas sueltos, IV
El hombre acecha
Cancionero y romancero de ausencias
Poemas sueltos, V
Poemas últimos




    POEMAS SUELTOS, IV
        (1939)

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        [1]


    LAS ABARCAS DESIERTAS

    Por el cinco de enero,
    cada enero ponía
    mi calzado cabrero
    a la ventana fría.

    Y encontraban los días,
    que derriban las puertas,
    mis abarcas vacías,
    mis abarcas desiertas.

    Nunca tuve zapatos,
    ni trajes, ni palabras:
    siempre tuve regatos,
    siempre penas y cabras.

    Me vistió la pobreza,
    me lamió el cuerpo el río,
    y del pie a la cabeza
    pasto fui del rocío.

    Por el cinco de enero,
    para el seis, yo quería
    que fuera el mundo entero
    una juguetería.

    Y al andar la alborada
    removiendo las huertas,
    mis abarcas sin nada,
    mis abarcas desiertas.

    Ningún rey coronado
    tuvo pie, tuvo gana
    para ver el calzado
    de mi pobre ventana.

    Toda la gente de trono,
    toda gente de botas
    se rió con encono
    de mis abarcas rotas.

    Rabié de llanto, hasta
    cubrir de sal mi piel,
    por un mundo de pasta
    y un mundo de miel.

    Por el cinco de enero,
    de la majada mía
    mi calzado cabrero
    a la escarcha salía.

    Y hacia el seis, mis miradas
    hallaban en sus puertas
    mis abarcas heladas,
    mis abarcas desiertas.


        [2]


      "EL CAMPESINO"

    Aquí, castigando el campo
    con el pie, por las besanas,
    entrañable como un surco,
    crespo como un Guadarrama,
    un hombre abundante de hombre
    de un empujón se levanta.
    Valentín tiene por nombre,
    por boca un golpe de hacha,
    por apellido González
    y por horizonte España.

    Aquí, entre muertos y heridos
    y alrededor de las balas,
    fieramente se pasea,
    castellanamente habla.
    Con el aire de sus hombros
    la atmósfera se huracana.
    Sus labores son de guerra
    y de muerte sus campañas.
    Ha matado muchas bestias
    y quiere acabar la casta.

    Su actitud de león,
    negro el pelo, roja el alma,
    recorre al sol de la pólvora
    las anchuras castellanas,
    y el corazón, de tan ancho,
    se le sale por las mangas.
    Lleva, como la madera
    del noble y de la carrasca,
    revuelta la sien oscura
    y masculina la savia,
    que por los tempestuosos
    ojos le bulle y le salta.

    Lleva el pecho como un monte,
    lleva la boca con rabia,
    y una ráfaga de sombra
    dando vueltas a su barba.
    Miradlo cómo reluce
    cuando dice una palabra.
    Ante este varón del pueblo,
    hasta las piedras más bravas
    débiles y sin defensa
    se sienten y se desgranan.

    La cobardía lo esquiva
    y el valor duerme en su casa.
    Hombre que seguís a este hombre
    por laberintos que marchan
    a páramos de derrota
    ya viñas de triunfo y palma:
    que sus cejas de coraje,
    y su frente de arrogancia
    y su piel de valentía
    hallen eco en vuestra cara.

    Con él ganaréis Castilla,
    con él ganaréis España
    a los de la morería
    y a los de la canallada:
    con él podremos ganar
    toda la tierra del mapa.
    Yo he de cantar sus proezas,
    yo he de romper mi garganta
    en alabanza al pueblo
    y al hombre de sus entrañas,
    hasta que queden de mí
    los restos de una guitarra.
    Hombres que nunca veía,
    porque no tengo bastantes


        [3]


    DIGNO DE SER COMANDANTE

    Hombres que nunca veía,
    porque no tengo bastantes
    ojos para tanto ver,
    cuerpo para tantas partes:
    hombres que lejos de mí,
    aunque hasta mí se acercasen,
    vivían como eclipsados
    bajo el eclipse del traje,
    de repente se aproximan
    a mis ojos, a mi carne,
    a mi corazón poblado
    de batallas y habitantes.
    Se aproximan, se desnudan,
    se desoscurecen y arden,
    y para siempre en mi frente
    graban la luz de su imagen.

    Ayer te desconocía
    en medio de los eriales,
    de paso por las encinas,
    en el resplandor del aire
    y en el resplandor rabioso
    de las bombas y los tanques.
    Ayer no hacía memoria
    de ti, teniente González.
    Hoy te conozco y publico
    tus ímpetus de oleaje,
    tu sencillez de eucalipto,
    tu corazón de combate,
    digno de ser capitán,
    digno de ser comandante.

    Aquel día del enero
    salió prometiendo sangre
    al cielo de la mañana
    y a la tierra de la tarde.
    El alba pasó ante un grupo
    forajido de alemanes,
    carnívoro de italianos,
    cagado de generales,
    y el sol apuntó queriendo
    inundarlos de vinagre.
    La luz se halló entre cañones,
    el rocío entre cadáveres,
    el azul y sus laureles
    y el valor entre encinares,
    sobre las frentes erguidas,
    sobre los huesos tajantes,
    sobre la piel de una tropa
    de campesinos leales.

    Se oyó una voz torrencial,
    se alzó un brazo detonante:
    eran los de Valentín,
    que como tres huracanes
    campaba cuando decía:
    ¡Qué no retroceda nadie!
    ¡Que la muerte nos encuentre
    yendo siempre hacia adelante
    o dentro de las trincheras
    firmes lo mismo que árboles;
    a cada herida más fieros,
    más duros a cada ataque,
    más grandes a cada asalto
    y a cada muerte más grandes!
    ¡Y al que ofrezca las espaldas
    al enemigo, matadle!

    La guerra se hermoseaba
    al pie de sus ademanes.
    Tronaron las baterías
    nutridas de tempestades,
    y la voz del Campesino
    no cesaba de escucharse
    ni de iluminarse el humo
    de la pólvora salvaje.

    El teniente de Leal,
    Gonzáles el admirable,
    no apartaba de la oreja
    aquella voz desbordante,
    y echó en su puesto raíces
    del heroísmo y de romance.

    Por tres veces con tres plomos,
    vino la muerte a buscarle:
    tres heridas le clavaron
    tres fusiles criminales,
    y a pesar del enemigo,
    y a pesar de los pesares,
    su juventud parecía
    una cumbre invulnerable,
    una bandera invencible
    y campeadora y gigante.

    Cuando perdieron tus venas
    fuerzas con que sustentarse
    y la sangre te sonaba
    por los bolsillos, González,
    no pediste un hospital
    como piden los cobardes,
    que pediste una camilla
    sobre la que reclinarte
    para seguir disparando,
    mandando fuego y coraje.

    ¡Mirad qué ademán tan alto,
    mirad qué pecho tan fácil
    al viento varón y extenso
    de las generosidades!

    Mujeres que vais al fondo
    de la vida a haceros madres:
    vuestros abrazos fecundos,
    vuestros vientres palpitantes,
    hombres de tanto tamaño
    sólo merecen poblarles.
    Llevan el pueblo en los huesos
    y el mediodía en la sangre.
    El alba del diecinieve


        [4]


    MEMORIA DEL 5 REGIMIENTO

    El alba del diecinueve
    de julio no se atrevía
    a precipitar el día
    sobre su costa de nieve.
    Nadie a despertar se atreve
    hosco de presentimiento.
    Y el viento del pueblo, el viento
    que muevo y aliento yo
    pasó a mi lado y pasó
    hacia el 5 Regimiento.

    Me desperté entre cañones,
    y pistolas, y aeroplanos,
    y un río de milicianos
    como un río de leones.
    Eran varios corazones
    los que en el pecho sentía:
    la sublevación ardía,
    disparaba, aullaba en torno,
    y eran el corazón de un horno
    el gran corazón del día.

    Hombres, de noble mirada
    y de condición más noble,
    que han hecho temblar al roble
    y desmayarse a la espada:
    héroes que parió la nada,
    dejando sin movimiento
    el monte, el campo, el aliento
    de la paz y la labor,
    iban a unir su valor
    en el 5 Regimiento.

    Herrerías y poblados,
    minas, talleres y eras
    ante las cajas guerreras
    enmudecieron parados.
    Se marchaban los arados,
    y las demás herramientas,
    a las casas cenicientas
    donde la pobreza anida
    al aparecer la vida
    con pólvoras y tormentas.

    Campesinos: segadores,
    la fama de los yunteros,
    la historia de los herreros
    y la flor de los sudores:
    albañiles y pastores,
    los hombres del sufrimiento,
    ante el fatal movimiento
    que atropellarlos quería,
    fueron a dar su energía
    en el 5 Regimiento.

    Lejos de los minerales,
    los mineros más profundos
    se movían irancundos
    como los fieros metales;
    ausentes de los trigales
    y de los besos ausentes,
    los campesinos vehementes,
    con una sonrisa hostil
    iban detrás del fusil
    y de las malvadas gentes.

    ¡Qué largamente seguros
    lucharon bajo sus ceños,
    qué oscuramente risueños
    y qué claramente oscuros!
    Eran como errantes muros
    generosos de cimiento,
    y si llegaba el momento
    de morir daban su vida
    como una luz encendida
    para el 5 Regimiento.

    ¡Cuántos quedaron allí
    donde cuántos no quedaron
    y cuántos se recostaron
    donde cuántos de pie vi!
    Así cayeron, así:
    como gigantes lucientes,
    enarboladas las frentes
    como un orgullo de lanza,
    y una expresión de venganza
    alrededor de los dientes.

    España será de España
    y español el español
    que lleva en la sangre un sol
    y en cada gota una hazaña.

    No seremos de Alemania
    en ningún negro momento
    porque el puro sentimiento
    que nutre a los españoles
    seguirá dando sus soles
    para el 5 Regimiento.


        [5]

    Tu famosa, tu mínima impotencia
    desparramar intento
    sin detener el paso ni un instante.
    Para lo tal, me apeo en mi paciencia,
    pulso un acordeón llorón de viento
    y socarrón de voz, y ya es bastante.

    Tu cornicabreada decrepitud purgente
    exige estos reparos de escritura,
    y con ellos ayudo a someterse,
    no al manicomio, al tonticomio oscuro
    que tu idiotez, sin mezcla de locura,
    pide hasta que la muerte
    venga a sacar tu vida de este apuro.

    Llevas el corazón con cuello duro,
    residuo de una momia milenaria,
    concurso de idiotas,
    que necesitas la alabanza diaria,
    y descosido en la alabanza explotas.

    Cocodrilito pequeñito, ñito,
    lagartija de astucia,
    mezquina, subterránea, con el rabo marchito,
    y la mirada alcantarilla sucia.

    Tarántula diabética y escuálida,
    forúnculo político y gramático,
    repúblico de triste mierda inválida,
    oráculo, sarcófago enigmático.

    Demócrata de dientes para fuera,
    altares solicita tu zapato.
    No hagas más reflexiones de topo y madriguera
    en tu conejeril rincón de mentecato.

    Humo soberbio, sapo que te hinches
    cuando oyes un piropo:
    disuélvete en berrinches,
    resuélvete, desaparece, topo.

    España no precisa
    tu vaciedad de calabaza neta,
    tu mezquindad que duele y que da risa,
    tu vejez inconcreta,
    venenosa, indecisa.

    No te toca la sangre de los trabajadores,
    sus muertes no salpican tu chaleco,
    no te duelen sus ansias ni su lucha:
    tu tiniebla trafica con sus puros fulgores,
    su clamor no halla en ti ni voz ni eco,
    tu vanidad su mismo ruido escucha
    como un sótano seco.

    Hay ojos que derraman raíces amorosas,
    sobre tus ojos tienes
    uñas que a hacerse dueñas de las cosas
    avanzan por tus sienes.

    Necesitan incienso e incensario
    tu secundaria vida,
    tu corazón de espino secundario,
    tu soberbia de zarza consumida.

    Sobre tu pedestal o tu peana,
    monumento de oficio,
    cuando tu salvación está cercana
    quieres llevar un pueblo al precipicio.

    Te rebuznó en el parto tu madre, y más valiera
    a España que jamás te rebuznara
    con esa cara de escobilla fiera,
    de vieja zorra avara.

    No llevarás mi pueblo a la derrota,
    dictador fracasado, rey confuso,
    y caerás por la punta de una bota
    sobre tus flacos días puesta en uso.

    28 de febrero de 1937, en Valencia.


        [6]


    MANDADO QUE MANDO A DON GIL DE LAS CALZAS DE CEDA, a ese que lleva robles a las espaldas del Gil y a las del corazón caca

    Al Gil, gili, gilipo, gilipolla,
    campana sin metal y sin badajo,
    mando un millón de veces al carajo,
    pues tanto pus episcopal apoya.

    Su estupidez de carne de cebolla,
    su ensotanada hiel, su alma de ajo
    y su cara de culo y de gargajo
    han de ser más quemados que fue Troya.

    Vete, mariconazo: se te ha visto
    bajo los pantalones el roquete
    y bajo la mirada el ano hambriento.

    Algún día estarás, me cago en Cristo,
    dentro del purgatorio de un retrete
    enunciando la mierda con tu aliento.


        [7]


      ANDALUZAS

    Andaluzas generosas,
    nietas de las de Bailén,
    dad a los verdugos fosas
    antes que fosas nos den.

    Parid y llevad ligeras
    hijos a los batallones,
    aceituna a las trincheras
    y pólvora a los cañones.

    Sembrada está la simiente:
    y vuestros vientres darán
    cuerpos de triunfante frente
    y bocas de puro pan.


        [8]


    CANCIÓN DEL ANTIAVIONISTA

    Que vienen, vienen, vienen
    los lentos, lentos, lentos,
    los ávidos, los fúnebres,
    los aéreos carniceros.

    Que nunca, nunca, nunca
    su tenebroso vuelo
    podrá ser confundido
    con el de los jilgueros.

    Que asaltan las palomas
    sin hiel. Que van sedientos
    de sangre, sangre, sangre,
    de cuerpos, cuerpos, cuerpos.

    Que el mundo no es el mundo.
    Que el cielo no es el cielo,
    sino el rincón del crimen
    más negro, negro, negro.

    Que han deshonrado al pájaro.
    Que van de pueblo en pueblo,
    desolación y ruina
    sembrando, removiendo.

    Que vienen, vienen, vienen
    con sed de cementerio
    dejando atrás un rastro
    de muertos, muertos, muertos.

    Que ven los hospitales
    lo mismo que los cuervos.

    Que nadie duerme, nadie.
    Que nadie está despierto.
    Que toda madre vive
    pendiente del silencio,
    del ay de la sirena,
    con la ansiedad al cuello,
    sin voz, sin paz, sin casa,
    sin sueño.

    Que nadie, nadie, nadie
    lo olvide ni un momento.
    Que no es posible el crimen.
    Que no es posible esto.
    Que tierra nuestra quieren.
    Que tierra les daremos
    en un hoyo, a puñados:
    que queden satisfechos.

    Que caigan, caigan: caigan.
    Que fuego, fuego: fuego.


        [9]


    ESPAA EN AUSENCIA

    Como si se me hubiera muerto el cielo
    de España me separo:
    salgo en un tren precipitado al hielo
    de su materna piedra, de su fuego preclaro.

    Un aeroplano ciego me separa,
    por el espacio y su topografía,
    de mi nación ardientemente clara
    dentro del resplandor de la alegría.

    Me empuja entre celajes de hermosura,
    por Francia, Holanda, Dinamarca y Suecia,
    a la Rusia que sueño mientras la gleba oscura
    de mi cuerpo se pone pálida y menos recia.

    Mi piel de amor se enfría, mi corazón se quema
    y quema por mis ojos a las demás naciones,
    como si fuera mi alma la flor de la alhucema
    cerniéndose encendida por tantas extensiones.

    Siento como si el sol se fuera distanciando,
    agonizando en campos opacos y lunares
    donde los lagos tienen instalado su imperio.

    Y la tierra parece que va devorando,
    y se esparcen sus restos, sus postreros pilares,
    y parece que vuelo sobre un gran cementerio.

    España, España: ¿quién te ha despoblado?
    Nación de toros y caballeros,
    témpano de guitarras y tambores
    ensimismado en música bajo el tacón sagrado
    del sol, de los luceros,
    de los enamorados y de los bailadores.

    No te empequeñece lo remoto:
    llegas a estos rincones siderales
    grandes, grande, tan grande con tu corazón roto,
    como una maravilla de vidrios y corales.

    Adelfo y arrayán, cal y negrura.
    Un árbol que es encian y es palmera
    te trae a mí como una selva pura
    que inspira el mar desde su edad primera.

    Palomar del arrullo desangrado,
    prodigioso panal de seca ardilla,
    como el panal de cera acribillado
    por el agente del perpetuo crimen
    que todo lo destruye y acribilla.

    Al mismo tiempo que tus madres gimen
    te alejas: no te alejas.
    Va conmigo tu anhelo,
    va conmigo los cielos cruzados de tus rejas
    que eran a medianoche palomares en celo.

    Va conmigo tu pueblo que es el mío,
    cercado por la fiebre fraticida
    de la guerra que ejercen los tiranos.
    Mi pasión de español describe un río
    de cólera y espuma sumergida
    con el camino de los aeroplanos.

    Subes conmigo, vas de cumbre en cumbre,
    mientras tus hijos, mis hermanos, ruedan
    como ganaderías de indestructible lumbre,
    de torres y cristales:
    de potros que descienden y se quedan,
    chocándose, volcándose, suspensos
    de varios precipicios celestiales,
    de relincho a torrentes y los brazos inmensos.

    Con tus muertos que llegan en bandada
    a lagos de mercurio siempre vivo,
    a remansos de espejos y descanso
    que no ha de enturbiar nada:
    con tus apasionados gérmenes combativos
    para siempre en descanso,
    va por Europa entera mi mirada.

    Van conmigo tus muertos, tu caídos,
    mis caídos, mis muertos:
    pesan en lo más alto de mis huesos queridos,
    navegantes y abiertos.
    Ellos me arrojan con el puño en alto
    a saludar a Rusia por Moscú y por Ucrania,
    y me quieren hacer retroceder de un salto
    para escupir lo sucio de Italia y de Alemania.

    Abrasadora España, amor, bravura.
    Por mandato del sol y de tantos planetas
    lo más hermosos y amoroso y fiero.
    Te siento como el alma bajo la quemadura
    de la invasión extraña,
    sus municiones y sus bayonetas,
    y no sé navegar, vivir viajero.

    Ayer mandé una carta y un beso para España
    donde está la mujer que yo más quiero.


        [10]


    CANCIÓN DE LA AMETRALLADORA

    De mis hombros desciende,
    codorniz de metal,
    y a su nido de arena
    va la muerte a incubar.

    Acaricio su lomo,
    de humeante crueldad.
    Su mirada de cráter,
    su pasión de volcán
    atraviesa los cielos
    cuando se echa a mirar,
    con mis ojos de guerra
    desplegados detrás.

    Entre todas las armas,
    es la mano y será
    siempre el arma más pura
    y la más inmortal.
    Pero hay tiempos que exigen
    malherir, disparar
    y la mano precisa
    esgrimir, además
    de los puños de hierro,
    hierro más eficaz.

    Frente a mí varias líneas
    de asesinos están,
    acechando mi vida,
    campeadora y audaz,
    que acobarda al acecho
    y al cañón más fatal.

    Con el alba en el pico,
    delirante y voraz,
    con rocío, mi arma
    se dedica a cantar.

    Donde empieza su canto
    el relámpago va:
    donde acaba el disparo
    de su trino mortal,
    no es posible la vida,
    no es posible jamás.

    ¡Ay, cigeña que picas
    en el viento del mal,
    fieramente, anhelando
    su exterminio total!
    Canta, tórtola en celo,
    que en mis manos estás
    encendida hasta el ascua,
    disparada hasta el mar.

    Malas ansias se acercan,
    pero no pasarán.
    Escuchadla en el centro
    del combate, escuchad.

    Hambre loca, insaciada
    con la carne y el pan;
    sed que aumenta la fuente
    de mi sed fraternal;
    fuego bien orientado,
    que ni el agua es capaz,
    ni la nieve más larga,
    de rendir, de aplacar.

    Sobre cada colina
    de la tierra que hay,
    sobre todas las cumbres,
    en un rapto animal,
    abalánzate, ciérnete,
    canta y vuelve a cantar,
    máquinas de mi alma
    y de mi libertad.

    Sed, ametralladoras,
    desde aquí y desde allá,
    contra aquellos que vienen
    a coger sin sembrar.

    Vedme a mí desvelado,
    sepultando maldad
    con semilla de plomo
    que jamás verdeará,
    sobre España mi sombra,
    sobre el sol mi verdad.

    Sed la máquina pura
    que hago arder y girar;
    la muralla de máquinas
    de la frágil ciudad
    del sudor, del trabajo,
    defensor de la paz.
    Y al que intente invadirla
    de vejez, enturbiad
    sus paredes con sangre,
    ¡disparad!


        [11]


        TERUEL

    Líster, la vida, la cantera, el frío:
    tú, la vida, tus fuerzas como llamas,
    Teruel como un cadáver sobre un río.

    La efusión de las piedras y las ramas,
    la vida derramando un vino rudo
    cerca de aquel cadáver con escamas.

    Aquel cadáver defendió su escudo,
    su muladar, su herrumbre, su leyenda:
    pero la vida prevalece y pudo.

    Por mucho que un cadáver se defienda,
    la muerte está sitiada, acorralada,
    cercada por la vida más tremenda.

    Ni con la condición de la nevada
    el círculo de hogueras se deshace,
    se rompe el cerco de la llamarada.

    No hay quien lo enfríe, quien lo despedace.
    Retrocede la helada en las orejas
    de este fuego vital que sopla y hace.

    Contra la muerte, contra sus ovejas,
    quemando de bravura el armamento,
    disparas las pasiones y las cejas.

    Líster, la vida, piedra del portento,
    necesita una forma victoriosa,
    y habrás de trabajarla con tu aliento.

    Cantero de la piedra en cada cosa,
    exiges la materia de tu hispano
    granito, que es la piedra más hermosa.

    En el granito se probó tu mano,
    como en la harina, el yeso y la madera
    se prueba tanto puño de artesano.

    Eso es hacer la mano duradera,
    y eso es vivir a prueba de peñones,
    y eso es ahondar la sangre y la cantera.

    Sobre el cadáver de Teruel te impones,
    y el alma en los disparos se te escapa
    frente a la nieve y a sus municiones.

    Impulsos con el aire de tu capa
    das a tu potro, puesto en cada instante
    a recobrar las pérdidas del mapa.

    Yo me encontré con este comandante,
    bajo la luz de los dinamiteros,
    en el camino de Teruel, delante.

    Han cogido a la muerte los canteros
    la primera ciudad, y en esta historia
    se han derramado varios compañeros.

    En su sangre se envuelva la victoria.


        [12]


    LAS PUERTAS DE MADRID

    Las puertas son del cielo
    las puertas de Madrid.
    Cerradas por el pueblo
    nadie las puede abrir.
    Cerradas por el pueblo
    nadie las puede abrir
    .

    El pueblo está en las calles
    como una hiriente llave,
    la tierra a la cintura
    y a un lado el Manzanares;
    la tierra a la cintura
    y a un lado el Manzanares.

    ¡Ay río Manzanares
    sin otro manzanar
    que un pueblo que te hace
    tan grande como el mar!
    Que en pueblo que te hace
    tan grande como el mar
    .


        [13]


    LA GUERRA, MADRE

    La guerra, madre: la guerra.
    Mi casa sola y sin nadie.
    Mi almohada sin aliento.
    La guerra, madre: la guerra.
    Mi almohada sin aliento.
    La guerra, madre: la guerra.

    La vida, madre: la vida.
    La vida para matarse.
    Mi corazón sin compaña.
    La guerra, madre: la guerra.
    Mi corazón sin compaña.
    La guerra, madre: la guerra.

    ¿Quién mueve sus hondos pasos
    En mi alma y en mi calle?
    Cartas moribundas, muertas.
    La guerra, madre: la guerra.
    Cartas moribundas, muertas.
    La guerra, madre: la guerra.


        [14]


    LETRILLA DE UNA CANCIÓN DE GUERRA

    Déjame que me vaya,
    madre, a la guerra.
    Déjame, blanca hermana,
    novia morena.
    Déjame.

    Y después de dejarme
    junto a las balas,
    mándame a la trinchera
    besos y cartas.
    Mándame.


        [15]


      CANTO DE INDEPENDENCIA

    Paso a paso, mi tierra vuelve a mí. Trozo a trozo,
    vuelven la claridad y el día y el centeno.
    Han querido arrojar tanta luz en un pozo,
    en un pozo guardado por un puño de cieno.

    Por una madrugada de gallos iracundos,
    un ejército joven como las madrugadas
    conquista, paso a paso, los arados profundos,
    los pueblos invadidos, los hijos, las azadas.

    Soplan los toros y hacen temblar la luz del cielo:
    los hombre que yo digo la aumentan y la aclaran,
    hasta cuando la sombra viene a invadir el suelo
    y a la sombra estos hombres que he dicho le disparan.

    Haciendo luz la luz y luz la sombra densa,
    van los padres del sol, los padres del granito,
    que hacen la espiga grande, y hacen la vida inmensa
    y el vientre de las madres poblado de infinito.

    Aprende en estas vidas, aprende como aprendo:
    aprende a ser un hombre bien clavado en el barro,
    lo mismo que estos hombres que mueren encendiendo
    la mecha, la sonrisa, la muerte y el cigarro.

    Dejad el pie descalzo para pisar el punto
    donde cayó la sangre de las mejores venas:
    para besar la tierra donde recojo y junto
    los huesos orgullosos de rodar sin cadenas.

    Los huesos de los que antes de entregarse al verdugo
    prefieren enterrarse bajo su misma mano,
    sobre la boca donde sólo habitó el mendrugo
    echándose una tierra que no podrá el gusano.

    Vergenza en tus mejillas mientras que tú no obres
    como estas anchas vidas que hasta los astros llegan.
    Dulce es la sangre, dulce, la sangre de los pobres,
    la sangre de los pueblos con la que tantos juegan.

    Los cuervos la devoran a duros picotazos,
    ávidos la reclaman los ricos con embudos:
    hasta que, amargamente, se encrespa por los brazos
    y ataca a quien la absorbe con aletazos rudos.

    Hoy, mientras esta sangre recorre España entera
    y apenas por sus hombres prueba el pan, prueba el beso,
    vosotros, los llegados de un hambre carnicera,
    como los perros mismos os disputáis un hueso.

    Sois los que nunca abrís la mano, la mirada,
    el corazón, la boca, para sembrar verdades:
    los que siempre pedís, los que jamás dais nada,
    cosecheros que sólo sembráis oscuridades.

    ¡Fuera de aquí, egoistas de retorcidas manos,
    dispuestos a negar la pureza en la nieve!
    Sois también invasores como los italianos,
    como la dinamita que sobre España llueve.

    La vida que prorrumpe como una llamarada
    comunicando al cielo su resplandor de avena,
    vuestra existencia seca de cárcel encerrada
    que no sabe obtener la libertad, condena.

    Blandos de peticiones y blandos de lamentos,
    se mueven vuestros labios que tan sólo provoca
    una voracidad brutal por los sustentos,
    sucia y abierta en tanto que otros cierran la boca.

    Ellos cierran la boca como una piedra brava
    y aprietan las cabezas como un siglo de puños,
    cerrados, agresivos, llenos de espuma y lava,
    contra aquellos que quieren robar nuestros terruños.

    Rayos de carne y hueso, carbonizan a aquellos
    que atacan su pobreza, su trabajo, su casa.
    Yo voy con este soplo que exige mis cabellos,
    yo alimento este fuego creciente que me abrasa.

    Escoged bien la piedra para grabar los nombres,
    la eternidad, los rasgos, la vida, la figura
    de la definitiva materia de estos hombres,
    hasta volverla carne de siglos y hermosura.

    Escoged bien la mano y el cincel decisivo
    donde de estos soldados la historia resplandezca,
    porque el avance sigue de la encina al olivo
    por más que el perro ladre y el cuervo se oscurezca.

    España se levanta limpia como las hojas,
    limpias con el sudor del hombre y las mañanas,
    y aún sonarán los nombres y las pisadas rojas
    cuando el bronce no suene y el cañón eche canas.


        [16]


    NACIMIENTO DE ESPAA

    Como una piel de toro
    peninsular, sonora,
    como un radiante puño
    que dilatara el tiempo,
    dio sobre el mar y el agua
    se sintió más hermosa.
    Su piel quedó extendiendo
    su exaltada frontera
    fósil, y devorando
    ascuas, luz de siempres.

    Fue el sol: la sed profunda
    del sol por la hermosura.
    El sol fue desprendiéndose
    de su mejor pedazo,
    de su carne más íntima
    y la trajo a sus pies.

    Y aquí trajo el mercurio
    sus temblores extraños,
    y aquí el zinc y aquí el plomo
    desplegaron sus aves
    de vuelo sumergido,
    y el acero y el bronce
    su masculino ceño.

    Aquí hizo nido el trueno
    y el pedernal y el mármol.
    La vida mineral
    vio esconderse el carbón
    en su cuerpo crispado,
    y el caballo y el toro
    la juventud más brava
    despertaron al duelo
    de los cuerpos aquí.

    España, España, España,
    carne, solar materia.

    Halló la agricultura
    su cuerpo más poroso
    en ti, y halló en seguida
    la patria del naranjo
    y el centro del olivo.

    Eres toda de sol.
    Te empuja la alegría,
    te detiene en la muerte,
    en el trigo, en la pena,
    y todo en ti es de vida,
    de solares cumplidos.
    El día es tu riqueza.

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